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miércoles, 14 de febrero de 2018


Encuentro literario con el poeta 
Luis García Montero
Programa del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte: 
"Leer te da vidas extra"

El martes 13 de febrero, dentro del programa "Leer te da vidas extra" promovido por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, celebramos nuestro primer encuentro literario con el poeta y profesor de la Universidad de Granada Luis García Montero. 
El acto fue presentado por el director del centro Daniel Arévalo Cots que hizo referencia a la necesidad de defender el lugar de las Humanidades en nuestros planes educativos. A continuación el profesor de Lengua y Literatura Luis Jesús Castillo trazó una breve semblanza de Luis García Montero recordando sus diferentes facetas como escritor, profesor, político y haciendo especial hincapié en el compromiso con su entorno que ha mantenido a lo largo de toda su trayectoria.
Luis García Montero nos habló del verdadero lugar de las Humanidades, no en competencia con Ciencia y Tecnología sino en estrecha conexión con ellas para que sus avances estén realmente al servicio de la persona y no a la inversa.
También nos habló de la necesidad de alcanzar un pensamiento crítico para evitar repetir las interesadas consignas con las que los diferentes poderes nos avasallan; y para eso conocer el lenguaje, descubrir los matices. Aprender de la historia, por ejemplo: saber lo que significaba ser "mujer" a principios de siglo en contraste con lo que significa hoy día. 
Nos contó cómo descubrió la poesía de Lorca colándose en la habitación que en la casa de su infancia estaba reservada a las visitas y cómo enarboló la bandera de la libertad del pirata de Espronceda ante las regañinas de su padre. 
Tras leer algunos poemas suyos, se inició un turno de preguntas por parte de los alumnos que ayudaron a profundizar en diversos temas (creación literaria, ética y escritura, etc.). 
Para acabar, ante la pregunta de un alumno de si le había costado mucho conseguir lo que quería, García Montero habló de la falsa idea de éxito que nos venden, de la importancia de luchar por lo que uno quiere independientemente de los resultados y finalmente hizo suya la expresión de su amigo, también poeta, Ángel González: "Sin esperanza, con convencimiento".
El director cerró el acto dando las gracias al poeta y leyendo a modo de despedida un poema que la profesora de Lengua y Literatura Mamen Ortega escribió inspirándose en uno de sus poemas de García Montero:

QUÉDATE EN LA DESPEDIDA

Déjame, pensamiento, déjame,
Mañana volveré a ser tuyo.
¿Acaso has olvidado que a salto de
Siglo, lo concediste a quien pedía asilo
A la inútil primavera?   
Pero ahora,
Te pido, que me acompañes a recorrer
Las calles de la poesía que ganó la
Batalla a la Eternidad.
Te pido, que me hagas soñar en esas
Calles que no existen cuando tú no me
Llevas.
Te pido, que me dejes atravesar esas 
Calles con sus ojos y perder la cuenta
De las olas que sostienen sus poesías.
Y después,
No me prives de sentir, como Luis, el
Vacío de la multitud, que aclama mi
Retorno a la realidad.
No me impongas el olvido de este
Momento. 
Deja que la barca de mi traslado,
Me devuelva marcada 
Con el sello de su serenidad poética. 
Mamen Ortega


Realmente un encuentro muy enriquecedor para los alumnos y los profesores del IES Jiménez de Quesada, que deseamos que sea el primero de otros muchos. 


Al acabar la charla, el director obsequió a Luis García Montero con unos detalles como recuerdo de su paso por nuestro centro.
Al hilo de este encuentro literario, el Departamento de Lengua ha convocado un concurso de reseñas en las que se comenten las impresiones y aprendizajes de la charla del autor que nos ha visitado. Estas podrán presentarse hasta el martes 20 de febrero. La ganadora será publicada en este blog.

martes, 13 de febrero de 2018

Mujeres

Mañana de suburbio
y el autobús se acerca a la parada.

Hace frío en la calle, suavemente,
casi de despertar en primavera,
de ciudad que no ha entrado
todavía en calor.
Desde mi asiento veo a las mujeres,
con los ojos de sueño y la ropa sin brillo,
en busca de su horario de trabajo.

Suben y van dejando al descubierto,
en los cristales de la marquesina,
un anuncio de cuerpos escogidos
y de ropa interior.
Las muchachas nos miran a los ojos
desde el reino perfecto de su fotografía,
sin horarios, sin prisa,
obscenas como un sueño bronceado.

Yo me bajo en la próxima, murmuras.
Me conmueve el recuerdo
de tu piel blanca y triste
y la hermandad humilde de tu noche,
la mano que dejaste
olvidada en mi mano,
al venir de la ducha,
hace sólo un momento,
mientras yo me negaba a levantarme.

Que tengas un buen día,
que la suerte te busque
en tu casa pequeña y ordenada,
que la vida te trate dignamente.

LUIS GARCÍA MONTERO

lunes, 12 de febrero de 2018

El amor
las palabras son barcos
y se pierden así, de boca en boca,
como de niebla en niebla.
Llevan su mercancía por las conversaciones
sin encontrar un puerto,
la noche que les pese igual que un ancla.









Deben acostumbrarse a envejecer
y vivir con paciencia de madera
usada por las olas,
irse descomponiendo, dañarse lentamente,
hasta que a la bodega rutinaria
llegue el mar y las hunda.

Porque la vida entra en las palabras
como el mar en un barco,
cubre de tiempo el nombre de las cosas
y lleva a la raíz de un adjetivo
el cielo de una fecha,
el balcón de una casa,
la luz de una ciudad reflejada en un río.

Por eso, niebla a niebla,
cuando el amor invade las palabras,
golpea sus paredes, marca en ellas
los signos de una historia personal
y deja en el pasado de los vocabularios
sensaciones de frío y de calor,
noches que son la noche,
mares que son el mar,
solitarios paseos con extensión de frase
y trenes detenidos y canciones.

Si el amor, como todo, es cuestión de palabras,
acercarme a tu cuerpo fue crear un idioma.

LUIS GARCÍA MONTERO

viernes, 9 de febrero de 2018

                    Merece la pena
           (Un jueves telefónico)
                                                           
                             Trist el qui mai no ha perdut
                                           Per amor una casa
                                                      Joan Margarit
                                                                        
Sobre las diez te llamo
para decir que tengo diez llamadas,
otra reunión, seis cartas,
una mañana espesa, varias citas
y nostalgia de ti.
El teléfono tiene rumor de barco hundido,
burbujas y silencios.












Sobre las doce y media
llamas para contarme tus llamadas,
cómo va tu trabajo,
me explicas por encima los negocios
que llevas en común con tu ex marido,
debes sin más remedio hacer la compra
y me echas de menos.
El teléfono quiere espuma de cerveza,
aunque no, la mañana no es hermosa ni rubia.

Sobre las cuatro y media
comunica tu siesta. Me llamas a las seis para decirme
que sales disparada,
que se queda tu hijo en casa de un amigo,
que te aburre esta vida, pero a las siete debes
estar en no sé dónde,
y a las ocho te esperan
en la presentación de no sé quién
y luego sufres restaurante y copas
con algunos amigos.
Si no se te hace tarde
me llamarás a casa cuando llegues.

Y no se te hace tarde.
Sobre las dos y media te aseguro
que no me has despertado.
El teléfono busca ventanas encendidas
en las calles desiertas
y me alegra escuchar noticias de la noche,
cotilleos del mundo literario,
que se te nota lo feliz que eres,
que no haces otra cosa que hablar mucho de mí
con todos los que hablas.

Nada sabe de amor quien no ha perdido
por amor una casa, una hija tal vez
y más de medio sueldo,
empeñado en el arte de ser feliz y justo,
al otro lado de tu voz,
al sur de las fronteras telefónicas.

                                   Luis García Montero

jueves, 8 de febrero de 2018

La recompensa     

Aunque no sea verdad,
porque el tiempo hace mundos igual que se hace daño,
déjame que aproveche este calor final
de la tarde imprecisa.
Quiero sentirme dueño de las horas.

Para encontrarme a mí
he aprendido a seguirte.

Salgo por la memoria y no llego a un recuerdo,
sino a este modo de vivir despacio
las cosas que me das.

Todavía camino por la ciudad aquella
y soy el habitante de lo que sucedió
la semana que viene,
de los hechos que pueden ocurrir
hace ya muchos siglos,
cuando los pies del tiempo que nos falta
escriban junto al mar
la orilla laboriosa del pasado.

Todo está en ti. Y todo permanece
mientras rueda en el cielo
la luna primitiva.
Cada intuición es una huella,
cada recuerdo el porvenir.

LUIS GARCÍA MONTERO

Garcilaso 1991      
                                                                 
Mi alma os ha cortado a su medida,
dice ahora el poema,
con palabras que fueron escritas en un tiempo
de amores cortesanos.
Y en esta habitación del siglo XX,
muy a finales ya,
preparando la clase de mañana,
regresan las palabras sin rumor de caballos,
sin vestidos de corte,
sin palacios.
Junto a Bagdad herido por el fuego,
mi alma te ha cortado a su medida.
Todo cesa de pronto y te imagino
en la ciudad, tu coche, tus vaqueros,
la ley de tus edades,
y tengo miedo de quererte en falso,
porque no sé vivir sino en la apuesta,
abrasado por llamas que arden sin quemarnos
y que son realidad,
aunque los ojos miran la distancia
en los televisores.
A través de los siglos,
saltando por encima de todas las catástrofes,
por encima de títulos y fechas,
las palabras retornan al mundo de los vivos,
preguntan por su casa.
Ya sé que no es eterna la poesía,
pero sabe cambiar junto a nosotros,
aparecer vestida con vaqueros,
apoyarse en el hombre que se inventa un amor
y que sufre de amor
cuando está solo.

LUIS GARCÍA MONTERO

Le debes cartas al sur

Le debes carta al sur, como la historia.
Me pregunto por ti, por lo que ahora,
apoyada en el hombro, me dirías
al contemplar el paso descuidado
de la gente en el parque, su dibujo
contra la luz primera del invierno,
cuando el frío resbala por los troncos
enfermos de los árboles.

Y sin embargo existe, me dirías,
también existe el sur en este parque
tomado por el fío, mientras pasan,
como cuellos de jóvenes que esperan,
las interrogaciones levantadas,
las tercas esperanzas, los secretos
enfermos del futuro".

"Llámame 
voy a volver contigo,
recorriendo despacio las calles que no existen
cuando tú no me llamas,
caminando por ti
a través de la ira pequeña de la tarde"

"Mírame regresando
sobre las altas casas de este abril distraído
yo que tanto temía las fronteras

Pero todo convoca a tu presencia:
mírame regresando.

Los portales abiertos,
los anuncios,
me recuerdan tu piel,
ese reino sin dudas
donde pretendo hablar del horizonte"


Luís García Montero

Diario cómplice



miércoles, 7 de febrero de 2018

                  Problemas de Geografía Personal
Nunca sé despedirme de ti, siempre me quedo
con el frío de alguna palabra que no he dicho,
con un malentendido que temer,
ese hueco de torpe inexistencia
que a veces, gota a gota, se convierte
en desesperación. 
Nunca se despedirme de ti, porque no soy
el viajero que cruza por la gente,
el que va de aeropuerto en aeropuerto
o el que mira los coches, en dirección contraria,
corriendo a la ciudad
en la que acabas de quedarte. 
Nunca sé despedirme, porque soy
un ciego que tantea por el túnel
de tu mano y tus labios cuando dicen adiós,
un ciego que tropieza con los malentendidos
y con esas palabras
que no saben pronunciar. 
Extrañado de amor,
nunca puedo alejarme de todo lo que eres.
En un hueco de torpe inexistencia,
me voy de mí
camino a la nada.

Luis García Montero
Poesía urbana,

martes, 6 de febrero de 2018

Los hijos


Por favor, no hagan ruido
en la tranquilidad de este poema
escrito con la mano
del que cierra la puerta al apagar la luz
mis tres hijos acaban de dormirse.
Necesito el silencio para pensar en ellos.

Colores indelebles en un lápiz
de trazado infantil,
vuelven a dibujar
-pero esta vez en serio-
un árbol, una casa, la memoria
de una luz encendida
con sabor a diciembre,
los cristales del miedo
y la ilusión del porvenir
bajo el sol de los días laborables.

Un hijo es el segundo país donde nacemos.
Con su falta de edad nos hace cumplir años
y nos devuelve 
al mundo del reloj,
a las llamada telefónicas
que son una raíz
en la orilla del tiempo.
Un hijo nos enseña a preguntar
con voz de agua
la verdad decisiva de la tierra.
Ser como juncos, y en amor flexibles,
no asegura respuestas
ni confirma el reposo.

Elisa, Irene, Mauro,
cada cual con su puerto y con su lluvia,
luces cambiantes en el mismo río.
Nadie comente, por favor,
que acabo de escribirles un poema.
Los hijos crecen con espinas.
Nunca sé imaginar
lo que pueden decir de lo que digo,
lo que pueden pensar de lo que pienso,
lo que pueden hacer con lo que hago.

          LUIS GARCÍA MONTERO
              Vista cansada                                                  

lunes, 5 de febrero de 2018

Déjame, pensamiento, déjame,
mañana seré tuyo,
volveré a ser tu presa.
                                    Pero hoy,
mientras la luz araña en los árboles y pide
una oportunidad,
quiero que me recoja la inútil primavera.
A la casa del frío
regresaré mañana, cuando el tiempo
exponga sus razones
y el corazón pregunte
lo que falta por ver,
cuántos latidos
pueden quedarle para detenerse.

Luís García Montero

viernes, 2 de febrero de 2018

Completamente







Por detergentes y lavavajillas, 
por libros ordenados y escobas en el suelo,
por los cristales limpios, por la mesa
sin papeles, libretas ni bolígrafos,
por los sillones sin periódicos,
quien se acerque a mi casa
puede encontrar un día
completamente viernes.
Como yo me lo encuentro
cuando salgo a la calle
y está la catedral
tomada por el mundo de los vivos
y en el supermercado
junio se hace botella de ginebra,
embutidos y postre,
abanico de luz en el quiosco
de la floristería,
ciudad que se desnuda completamente viernes.
Así mi cuerpo
que se hace memoria de tu cuerpo
y te presiente
en la inquietud de todo lo que toca,
en el mando a distancia de la música,
en el papel de la revista,
en el hielo deshecho
igual que se deshace una mañana
completamente viernes.
Cuando se abre la puerta de la calle,
la nevera adivina lo que supo mi cuerpo
y sugiere otros títulos para este poema:
completamente tú,
mañana de regreso, el buen amor,
la buena compañía. 

LUIS GARCÍA MONTERO

jueves, 1 de febrero de 2018

                         Da vergüenza decirlo

Con los ojos vendados,
para que no pudieses recordar el camino,
intenté conducirte
al refugio sereno donde guardé mi vida.
Da vergüenza decirlo,
pero a veces los años construyen una casa de medios sentimientos,
de verdades medianas,
de pasiones dormidas como animales viejos,
de cenizas y sueños  humillados.
Y el cuerpo se acostumbra,
y las sombras apoyan su cabeza
en un pecho de sombra,
y el corazón se siente en paz o se doblega
a una derrota cómoda sin heridas mortales.

Da vergüenza decirlo.

Con los ojos vendados
para que no pudieses recordar el camino,
intenté conducirte
a mi mundo sereno de verdades a medias.
No me ha sido posible.

Esta noche insegura,
que mueve los relojes con la prisa
de tu pulso más vivo,
me envuelve y me repite:
no te ha sido posible.

Esta noche de viento,
que fue soltando amarras hasta quedarse  tuya
como un delirio de melena negra,
me llama y me confirma:
no te ha sido posible.

Esta noche de gente
que pasa por las calles con tus ojos,
con la forma que tienes de vestirte,
con tu sonrisa de país lejano,
esta noche me empuja y me convence:
no te ha sido posible.

Y aquí estoy yo, 
que voy soltando amarras hasta quedarme  tuyo
y camino hacia el mar
con los ojos cerrados,
como una barca deja su refugio,
una barca feliz que se repite:
no me ha sido posible
porque nada me importa,
solo tu piel,
                 la piel de una tormenta.

Da vergüenza decirlo



               LUIS GARCÍA MONTERO
                         

miércoles, 31 de enero de 2018

Cuando cierro la puerta de mi casa...


Cuando cierro la puerta de mi casa
suelen los escalones llenárseme de dudas.
Es posible, tal vez
la luz trabajadora del despacho
se ha quedado encendida,
no sé si corté el agua
y además me parece
que no le di dos vueltas a la llave.
Es como cuando salgo de alguna discusión
y el ascensor se cubre de verdades no dichas.
Van conmigo respuestas decisivas.
Más tarde siento miedo
de aquellos dos minutos de intemperie.
Yo levanté la voz, los demás se callaron
y se rompió la copa.
Es como cuando salgo de una fiesta
y me asalta el temor
de que alguien se haya molestado.
¿Me despedí de ella? ¿Debería
acordarme de él?
¿Entendieron la broma
y la doble intención de mis palabras?
¿Ha llegado a saberse
la pequeña mentira del viernes por la tarde?
Es como cuando salgo de mí mismo,
después de haber nadado entre dos aguas
incluso en la bañera.
Dejo la ropa sucia a los pies de la silla,
una cama deshecha,
los platos sin lavar,
toallas en el suelo, y en el cuarto de baño
un espejo con niebla
donde está todavía
el desnudo sin piel del impostor
que ahora sale a la calle,
y saluda a los otros,
y atiende a quien le llama por su nombre.
Todo es raro y difícil
como sentirse Luis, como vivir en el segundo
izquierda de la noche,
ser español o estar enamorado.
Tal vez nos vamos de nosotros mismos.
Pero queda una luz, un grifo abierto,
la sombra de una puerta mal cerrada.

LUIS GARCÍA MONTERO

martes, 30 de enero de 2018

                                      Confesiones
Yo te estaba esperando.
Más allá del invierno, en el cincuenta y ocho,
de la letra sin pulso y el verano
de mi primera carta,
por los pasillos lejos y el examen,
a través de los libros, de las tardes de fútbol,
de la flor que no quiso convertirse en almohada,
por debajo de todo lo que amé,
yo te estaba esperando.
Yo te estoy esperando.
Por detrás de las noches y la calles,
de las hojas pisadas
y de las obras públicas
y de los comentarios de la gente,
por encima de todo lo que soy,
de algunos restaurantes a los que ya no vamos,
con más prisa que el tiempo que me huye,
más cerca de la luz y de la tierra,
yo te estoy esperando.
Y seguiré esperando.
Como los amarillos del otoño,
todavía palabra de amor ante el silencio,
cuando la piel se apague,
cuando el amor se abrace con la muerte
y se pongan más serias nuestras fotografías,
sobre el acantilado del recuerdo,
después que mi memoria se convierta en arena,
por detrás de la última mentira,
yo seguiré esperando.                             

                       LUIS GARCÍA MONTERO

lunes, 29 de enero de 2018

LECCIONES DE POESÍA PARA NIÑOS INQUIETOS Luis García Montero

LO ORAL Y LO ESCRITO.  “Me gusta pintar las palabras de colores, rellenarlas en mi imaginación igual que las casas y los árboles en un cuaderno de dibujo. Siempre he pensado que la palabra «Palabra» es blanca, como la nieve pura, la nieve nieve, la que cae durante días y noches en lo alto de las montañas, sin que nadie la pise. La nieve va nombrando el mundo, hace sus muñecos, pinta de blanco las copas de los árboles, los tejados, las casas, las calles, los coches, el cubo de la basura, los bancos solitarios del parque. La nieve levanta una realidad fugitiva, que desaparece cuando el sol manda sus rayos a la tierra y la ciudad empieza a gotear. La nieve es un milagro, una maravilla, un cuento, un poema, pero resiste poco tiempo. Las calles se convierten en una inmensa gotera, en un escalofrío que se filtra por el cuello del abrigo y por los descuidos de las botas para regalarnos un buen resfriado.                                                                                                                                                                   La nieve y el vaho de la ventana se parecen a una conversación. Las palabras de las conversaciones se esfuman, se las lleva el viento, sólo sirven para entendernos en un momento preciso. Las palabras salen de la boca, entran por los oídos y luego se derriten o se van memoria adentro como un pájaro que acaba por desaparecer. Los seres humanos han inventado algunas cosas para que las palabras no desaparezcan: contestadores automáticos, magnetofones, el cine sonoro.... Pero lo primero que inventaron fue la escritura. La escritura es como una nieve que no se deshace, una maravilla que consigue durar, una conversación que quiere mantenerse en el tiempo.                                                                                                                                                    
Las palabras de la escritura pueden esperar años  en una libreta, en un libro, en un periódico, hasta que lleguen los ojos que quieran recuperar el diálogo interrumpido. Las tribus antiguas se reunían alrededor del fuego para contarse sus historias. El más anciano solía tomar la palabra y recordar el pasado común de todos los seres pertenecientes a la tribu:                               
      — Yo, Rayo Fugitivo, nieto de Águila Blanca, hijo de Caballo Loco y padre de Flecha Certera os voy a contar la historia que sucedió.... Así, Rayo Fugitivo recordaba la historia que le habían contado Águila Blanca y Caballo Loco, y le anunciaba también a su hijo, Flecha Certera, que alguna vez debería seguir con la antorcha de las palabras, contar la historia de la tribu para que no se perdiese en el olvido.                                                                           
     Pero las conversaciones y la nieve son fugitivas, y pasan como el tiempo, como el agua, como los coches en la autopista. Los seres humanos inventaron la escritura, una palabra que no se pierde, que puede esperar en las bibliotecas la llegada de su lector.                                                                                                                                         
     Escribimos para detener un poco el tiempo, para llevar nuestra vida a muchos kilómetros y a muchos años de distancia. Los poetas también se sentaron muchas veces junto al fuego y recorrieron las plazas de las ciudades y los grandes salones de los palacios para recitar sus versos. La poesía, como las viejas palabras de la tribu, era una conversación, una reunión oral. Luego los poetas descubrieron la escritura como una forma de luchar contra el tiempo, de llegar a más sitios, de pensar con más precisión en las palabras. Los poemas son las nuevas palabras de la tribu. El poeta aprende a mirar, enciende el fuego de la vida con sus ojos y consigue fijar sus palabras en el tiempo gracias a la escritura, esa nieve que no se deshace, aunque lleguen las mañanas de sol, los veranos, los años y los siglos.                                                                                                                                                                 
    La literatura es el arte de conseguir que el tiempo se quede a vivir con nosotros, sin que quiera escaparse, sin necesidad de meterlo en una jaula. La literatura es también como tener un cuarto propio, un fuego personal para calentarnos cuando sentimos frío. Podemos abrir los libros como se abre la puerta de nuestro cuarto, ése que nos ha costado tanto trabajo conseguir.                                                                                                                         
   Cuando era pequeño, dormía con tres hermanos en la misma habitación. Si quería jugar, ellos estaban estudiando; si yo estudiaba, ellos querían jugar. Si tardaba en apagar la luz por las noches, mis hermanos protestaban porque les impedía dormir. Nos llevábamos bien y no era difícil ponerse de acuerdo, pero a veces es necesaria la intimidad, un fuego solitario para nosotros solos. Cada vez que abro un libro, gracias a la escritura, siento todavía la misma sensación de intimidad que descubrí cuando mis padres cambiaron de casa y tuve un cuarto para mí solo. Por eso digo que disfrutar de la literatura es lo mismo que conseguir un cuarto propio. Un libro es como la habitación que llamamos nuestro cuarto.” (“La escritura”, pp. 106-108)
                                       LA FARSA

Son malos tiempos para la justicia.

Vengan a ver la farsa,
el decorado roto, la peluca mal puesta,
palabras de cartón y pantomima.

Son malos siglos para la justicia.

No existe majestad en la casa del rey.
nadie busque su voto
en la tribuna de los parlamentos.

Son malos años para la justicia.

Como el mar no es azul,
los barcos equivocan la cuenta de sus olas.
Como el dinero es negro, la moneda menguante de la luna
ha pagado el recibo de los trajes nocturnos.

Son malos meses para la justicia.

Se citaron el crimen y el silencio,
no descansan en paz los perseguidos,
el ladrón y el avaro se reúnen
y la ley no responde a la pregunta
de la bolsa o la vida.

Son malos días para la justicia. […]

                               LUIS GARCÍA MONTERO

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