lunes, 7 de enero de 2019

Júpiter - Los Planetas - G. Holst

Empezamos el segundo trimestre con toda nuestra energía. "Júpiter" es de la suite  "Los Planetas" que Gustav Holst compuso entre 1914 y 1916, y estrenada en 1918. Júpiter, según la mitología romana,  es el portador de la alegría. 


miércoles, 2 de enero de 2019

Me enamoré de una sirena
         Los cantos se escuchaban desde mi posición, y he de reconocer que hacían que mis oídos quisieran fundirse como si de miel estuvieran compuestos. Al acercarme contemplé la verdadera belleza. No se encuentra en tierra firme, entre montes y valles, ni escondida en un tesoro de oro puro cuyo cofre se enterró. La tenía frente a mis ojos, era una sirena. Su cabello de cordeles de oro rizado parecía no inmutarse con el contacto del agua. Sus labios melosos estaban cubiertos de un color carmesí. Sus ojos eran dos estrellas bajadas del firmamento. Esa era la belleza. Su voz no cesaba de sonar en aquel espacio estrecho entre la roca y el mar. Sentada, acariciaba su cola con verdes escamas que recordaban a la pura esmeralda que podía cualquiera hallar en el cofre más lujoso. 
    Sin percibir que mi cuerpo se movía en su dirección, sus labios llamaban con los ecos de su canto a los míos, que, cansados de la soledad del mar, le concedieron el gusto. Sabían a caramelo. Sus labios sabían a caramelo. Entonces recordé las leyendas de los viejos lobos de mar de la taberna. “Las sirenas son seres que llegan a matar con sólo acariciar tu rostro”, decían. En cambio, yo le permití acariciar todo lo que  a aquella criatura se le antojó acariciar. 
     Lo que me queda de recuerdo después de eso es un leve desmayo que, sin saber cómo, concluyó con mi cuerpo tendido en la arena de la costa más cercana al pueblucho donde vivía, y una congregación de gente alabando a Dios por mi salvación. ¿Salvación? Yo creo que no. No si no puedo palpar de nuevo su cintura. No si no contemplo de nuevo sus ojos. No si sus labios han quedado vetados para siempre a mi capricho. Lo llamaron salvación porque, para ellos, respirar es sinónimo de vivir. Pero mis pupilas se atreven a diferir en cuanto a esa visión: para mi vivir no es respirar, es actuar sin miedo a perder esa respiración. Y yo puedo contar la historia de un beso de sirena porque el miedo a morir no me impidió sucumbir a sus encantos. De hecho, lejos de renunciar a ese placer, vuelvo a sentir la necesidad de la magia del momento. 
     Mi barco siempre seguirá mis paseos por el mar, y si sólo yo navego, nadie me privará del placer de unos labios sobrehumanos, de un tacto de terciopelo gélido a la vez que cálido, de unos ojos únicos en el mundo. Me enamoré de una sirena y quise salir a navegar, encontrarla y perder mi último aliento por amor. 
    Y así, camino hacia el lugar de los hechos, pienso las palabras que articularé. “Yo te vi, te palpé, te besé. ¿Recuerdas mi voz? Me senté en la orilla de la cala para admirar tu belleza. Me enamoré.” Esperaré la respuesta el tiempo que haga falta. Por amor, bastante tiempo puede convertirse en un suspiro. Además, en un mar lleno de sirenas debe ser precioso agotar el oxígeno de tus pulmones en el acto del último expirar.
                                                                             
                                                                         Ana Arco Garciolo

martes, 1 de enero de 2019

MOON

Moon era una chica que había nacido con falta de pigmento en la piel y una especie de alergia al sol. Es decir, era albina y sufría xerodermia pigmentosa. Su piel era completamente blanca, su pelo, de un rubio muy claro y sus ojos, de un tono celeste pálido. El único momento en el que podía salir de casa era por la noche. Vivía en la noche. Y esta es su historia.
Moon solía sentarse en aquel banco todas las noches sobre esa hora. Le gustaba ver cómo la misma gente pasaba por el mismo lugar un día tras otro. Conocía sus rostros a la perfección. El primero en pasar era un sacerdote de cara alargada, calvo y con bigote. Era bastante amable y simpático, pues siempre saludaba a la chica. La que cerraba la noche era una mujer mayor, de rostro redondo y pelo canoso, cuya principal misión era alimentar a los pequeños gatitos del parque. 
Una noche, una chica cuya piel y pelo eran tan oscuros que podía ser la misma noche en persona, se sentó junto a Moon sin mediar palabra alguna. Pasaron semanas y la chica entabló una interesante conversación con Moon, que comenzó con una breve presentación por parte de ambas. Con el paso del tiempo, acabaron convirtiéndose en íntimas amigas. A Moon, sus padres le enseñaron a no mostrar sus sentimientos ni opinar, pero Nag (su nueva amiga) le ayudó a hacerlo. Nag le enseñó a expresarse, a descubrir sus hobbies, a conocer lo que era la amistad. Le enseñó que nunca estaría sola, que ahí estarían siempre las estrellas haciendo compañía, hasta en las noches más cerradas. E incluso le enseñó a amar. Lo hizo todo tan bien que Moon acabó enamorada hasta las trancas de ella. 
Moon pensó en declararse. A hacerlo tal y como había visto mil veces en las comedias románticas que más de una vez habían emitido en la televisión. Y realizó lo que quería. No sé si fue la suerte o el destino, pero Nag sentía exactamente lo mismo por la chica. Tras dejar claras sus emociones, las dos chicas, cogidas de la mano, se levantaron del banco y salieron del parque. 
Entonces, se hizo de día.

                                                                   Cris Brenes

miércoles, 19 de diciembre de 2018

Mario Benedetti. Todavía

Recorrido temático a través de poetas de cualquier lugar o época. 
¿Para qué sirve la poesía?


Después de la búsqueda, celebramos el encuentro:


Todavía


No lo creo todavía
estás llegando a mi lado
y la noche es un puñado
de estrellas y de alegría

palpo gusto escucho y veo
tu rostro tu paso largo
tus manos y sin embargo
todavía no lo creo

tu regreso tiene tanto
que ver contigo y conmigo
que por cábala lo digo
y por las dudas lo canto

nadie nunca te reemplaza
y las cosas más triviales
se vuelven fundamentales
porque estás llegando a casa

sin embargo todavía
dudo de esta buena suerte
porque el cielo de tenerte
me parece fantasía

pero venís y es seguro
y venís con tu mirada
y por eso tu llegada
hace mágico el futuro

y aunque no siempre he entendido
mis culpas y mis fracasos
en cambio sé que en tus brazos
el mundo tiene sentido

y si beso la osadía
y el misterio de tus labios
no habrá dudas ni resabios
te querré más
                       todavía.   
                                       MARIO BENEDETTI

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