domingo, 19 de abril de 2020

COVID-19
  
Tras el confinamiento no queda otro remedio que ayudar a la sociedad y pensar en las demás personas que se pueden morir, aunque no seas factor de riesgo el coronavirus no es para tomárselo a broma. Debes quedarte en casa para proteger a los mayores.
Esto de estudiar en casa no es lo mismo que en el instituto, ya que en el instituto te enteras mejor. Creo que es mejor acudir a clase de lunes a viernes, pero tenemos que ser pacientes y esperar. 
Todo esto nos va ayudar a ser mejores personas, eso espero, aprender a valorar un poco nuestra salud, los profesionales que nos protegen de ella, y muchas otras cosas….Como compartir en familia los buenos y los malos momentos, y apoyar, ayudar a nuestros padres a que todo sea más fácil.  
Aunque el no poder salir a la calle y practicar mis actividades diarias se me está haciendo eterno, pero es lo que hay. Durante el confinamiento una manera muy efectiva de divertirse es jugar a la play.
TODOS JUNTOS PODEMOS 
QUÉDATE EN CASA 
Aitor Casas Doménech     2º ESO A 

Ricardo Alcántara ha leído:

Un largo camino a casa
SAROO BRIERLEY

Continuando con el desafío literario, que en marzo se correspondía con un libro basado en hechos reales, he aprovechado para leerme "Un largo camino a casa". En este libro Saroo Brierley nos cuenta su experiencia cuando, con cinco años, sale de su casa con uno de sus hermanos para ir a una ciudad vecina en tren. Al llegar a la estación de destino, su hermano le pide que le espere allí hasta que él vuelva. Saroo se duerme y al despertar, ve un tren parado en el andén de la estación. Ante la tardanza de su hermano, y sin saber si va a volver o lo ha olvidado allí, decide subirse a ese tren pensando que lo llevará de vuelta a su casa. Pasados unos instantes, el tren cierra sus puertas e inicia su recorrido. Saroo se ve encerrado en un vagón vacío del que le es imposible salir. Tras varios ataques de pánico y no sin saber bien si horas o días de viaje, el tren para y al abrir sus puertas, Saroo sale corriendo de aquella jaula en movimiento donde ha estado retenido. 
    Ha terminado su viaje en Calcuta, una de las ciudades más grandes y superpobladas de India. A partir de ese momento, se inicia todo un periplo en el que Saroo solo quiere volver a casa. Perdido y desorientado en una ciudad totalmente desconocida para él, Saroo vaga por las calles tratando de sobrevivir y evitando a gente que no tiene otro objetivo más que abusar de niños como él. Finalmente, Saroo acabó teniendo suerte al dar con él una agencia de adopciones. Tras indagar sobre sus orígenes, le dan oficialmente por perdido y es adoptado por una familia australiana. 
    Saroo crece con el continuo recuerdo de los días en los que se alejó de su familia, preguntándose si lo seguirán buscando, si seguirán todos bien, si habrán tenido más o menos suerte en la vida. Cuando Saroo comienza sus estudios superiores, las redes sociales comienzan a aparecer y a expandirse. Con la ayuda de Google Earth y Facebook, Saroo tratará de encontrar el sitio de donde salió con cinco años y del que recuerda vagamente su nombre, pero no cómo se escribía en hindi. 

Una aventura que no deja indiferente, sobre todo porque el desenlace se produce a mitad del libro y deja ver que las dudas no terminan cuando acaban respondiéndose tus preguntas, sino que estas respuestas generan nuevas preguntas, miedos y aventuras. La historia de Saroo dio la vuelta al mundo por la hazaña tan increíble que supuso, fue relatada por él mismo en este libro y llevada al cine en la película "Lion". 

Agradecemos la participación constante en este blog de Ricardo que no se ha interrumpido ni en su "permiso por paternidad". ¡Gracias!

sábado, 18 de abril de 2020

   Que nadie sufra  

   El sol se colaba por las rendijas de la ventana; siente cómo la luz llega a su ventana. Con gesto molesto se esconde entre las sábanas. Minutos después saca la cabeza y observa la habitación . Su hermana sigue dormida. Una sonrisa maliciosa  aparece en su rostro. 
- ¡¡¡ Buenos días !!!- grita , mientras sube la persiana. 
  Mientras desayunan, se lleva la cuchara a la boca. Su padre siempre pone las noticias, para estar informado. La joven suspira. Desde que este infierno empezó, solo hablan de eso. Solo había malas noticias. Sin embargo, había que pensar en positivo. 
  Se quedó mirando fijamente las hojas que había encima de su mesa. Sentía la extraña necesidad de incendiarlas y hacer una hoguera con ellas. Niega con la cabeza para apartar ese pensamiento. Después de tres horas de escribir y resolver problemas baja a comer.
 – Que hambre – dice su hermana. 
 - Shhh- manda a callar su  padre.
 Desde que empezó este suplicio está más irascible de la cuenta. Aunque ellas tampoco son unas santas. Acaba la comida y la chica sube al escritorio a seguir trabajando. Está un ratito y después se pone a dibujar. Está haciendo un manga y necesita mucha paz.
  Son las 8, van  a aplaudir. La niña sale al escuchar la música. El hijo de los vecinos se ha montado una mini discoteca para alegrar al barrio. A veces pasan coches de policías, a veces ambulancias. Pero da igual, aplauden de todas formas. Llega la noche y se acuesta, no sin antes pedirle a Dios:  ¡que nadie sufra,  por favor!
 Lucía Aragón 

jueves, 16 de abril de 2020

¿Y luego qué…?    
 Poco a poco, lentamente se me desvía la mirada del ordenador y observo cómo sube el número de muertos,  y me pregunto si mañana seré yo una de ellos. Se sigue expandiendo cada vez más , y la gente, tan ingenua a la realidad, se piensa que son vacaciones, como si fuera cualquier situación normal, como si no se hubiese parado el mundo por esto. Pero a la vez que son ingenuos, detrás de esa faceta de ignorancia, lo saben. Saben, al igual que tú y que yo, que solo se hacen los necios (por así decirlo) porque el agobio y miedo que sienten por dentro de sí mismos, (de solo imaginar que no despertase vivo al día siguiente, de verse solo en un hospital sin datos sobre lo que te pueda pasar, o simplemente de sentir como se le va acabando el aire de sus pulmones sin dejar una sola mota), no salgan también fuera de él y contagien aparte de sí mismo, a los que lo rodean. Unos dicen que soy muy pesimista, que debo pensar que todo saldrá bien, que debo de calmarme, que así no voy a durar ni un solo día si pillo el virus, que me tranquilice…Y otros tiemblan por cada palabra que se dice de este virus y no son, al igual que yo, capaces de afrontar lo que nos viene encima. ¿Y alguien sabe por qué soy tan pesimista? Porque, si se acaba de morir tu abuelo de un cáncer, no le has podido ver ni a él ni a tu familia por culpa de este condenado virus, y encima te dicen que no se debe uno de preocupar, que no pasa nada, que estará en la estrella que más brille de todo el universo, pues a una le dan ganas de hacerse una bola, quedarse en un rincón y esperar a que todo pase, si es que pasa. Solo que, cuando pase, ¿nos atreveremos a darle dos besos a alguien?, ¿y si el Covid-19 deja algún rastro psicológico o algún trastorno mental en la persona que lo pasa?, ¿todo, realmente, será igual que antes?…Todo eso son preguntas que nadie en estos momentos es capaz de contestar. 

Julia Figueras Rodríguez 1ºESO A

miércoles, 15 de abril de 2020

Lecturas que abren horizonte

En brazos de la vida
 Diario de Etty Hillesum* 30/05/42

Sí, ¿qué pasó en mi pequeño dormitorio ayer por la noche? Me había ido temprano a la cama y miré por la gran ventana abierta. Y fue como si la vida, con todos sus secretos, estuviera otra vez cerca de mí, como si la pudiera tocar. Tuve la sensación de estar descansando  sobre el pecho desnudo de la vida, oyendo los suaves y regulares latidos de su corazón. Estaba en los brazos desnudos de la vida  y me sentí segura y protegida. Y pensé: qué extraño es esto. Hay guerra. Hay campos de concentración. Las pequeñas crueldades se  amontonan cada vez más. [...] 
Conozco los sentimientos angustiados de la gente, conozco la gran cantidad de sufrimiento humano, que va en aumento. Conozco la persecución y la represión, la indiferencia, el odio y el enorme sadismo. Lo sé todo y voy acumulando cada trocito de realidad que me llega. Y aún así, en un momento de descuido  y abandono, me encuentro de repente en el pecho desnudo de la vida. Sus brazos me rodean muy suavemente, me protegen y soy totalmente incapaz de describir sus latidos del corazón: son tan lentos  y regulares y suaves, casi apagados, pero constantes, como si no quisieran parar jamás. Son también muy buenos y piadosos.
Así es mi estado de ánimo, y no creo que la guerra o cualquier crueldad humana sin sentido pueda cambiarlo.
                        
Etty Hillesum, sábado por la mañana, 7.30h,
30 de mayo de 1942

*Etty Hillesum fue una judía holandesa nacida en 1914. Hasta 1981 no salió a la luz su diario íntimo, escrito durante los años previos a su desaparición definitiva en 1943 en el tristemente célebre campo de exterminio de Auschwitz. Antes eligió voluntariamente ayudar a sus congéneres judíos en el campo de Westbork. La singularidad de su testimonio radica en su valor humano, ético y trascendental. Desde el convoy de la muerte y el exterminio que la lleva a Auschwitz con toda su familia y 938 personas más, arroja una tarjeta-postal con estas palabras: "Vosotros me esperaréis, ¿verdad?". Esta es pues la labor de los lectores de sus escritos; estos nos abren constantemente una esperanza en las cegueras de la historia.  


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